Volverán las oscuras golondrinas…

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Volverán las oscuras golondrinas…


de tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a tus cristales,
jugando, llamarán.”

[…]

Así relata la estrofa, posiblemente más famosa, de Gustavo Adolfo Bécquer.

Y la realidad es que queda menos de un mes para que esto suceda. El día 20 de marzo se producirá el equinoccio de primavera en nuestro hemisferio y el invierno sigue sin dar señales de vida. La pasada semana hizo un leve intento: viento, frío, lluvia, granizo, algunas nevadas localizadas en nuestra región… El invierno apenas duró unos días, los justos para que las estaciones de esquí no se vean este año obligadas a poner el cartel de “cerrado por defunción estacional.” ¿Será que ha decidido llegar este año más tarde?, ¿quedará aún alguna esperanza? La respuesta, como en los cines: “próximamente.”

La primavera es una estación preciosa: la de los capullos, las flores, las alergias, las bodas, bautizos y comuniones, la Semana Santa, el aguacate, las fresas, las berenjenas, los paseos en bici, el regreso de la fórmula uno (por cierto: ¿alguien sabe qué pasa este año con “Alfonso”, como dice mi abuela?)

Es una estación con mucho arte a sus espaldas: odas, sinfonías, imágenes y refranes. Mi favorito:

“La primavera, la sangre altera.”

¿Se creen que es un tópico? Les voy a explicar porqué no lo es.

Los expertos dicen que, debido al aumento de la radiación solar, de la temperatura, etc. se producen infinidad de procesos químicos en nuestro organismo, que afectan a las neuronas y neurotransmisores, entre otras muchas cosas. Nos destapamos más, pasamos más tiempo en la calle recibiendo los rayos del solecito, y esto hace que nuestro organismo libere más hormonas “del amor”, -oxitocina-, de la motivación y el placer – dopamina-, de la atracción –feromonas- y  aquellas que nos producen un estado de ánimo positivo –serotonina- o reducen los niveles de estrés –noradrenalina.-

Gracias a todo esto, comemos más, dormimos menos pero soñamos más, tenemos más ganas de hacer cosas, de pasear, de relacionarnos, salir a la calle con amigos, conocer gente, de ponernos guapos, y por ende, de practicar más sexo.

Los casados que me estén leyendo estarán pensando: “a ver si es verdad y toca fiesta” y los solteros estarán mirando ahora mismo la “churriagenda” para salir pronto a comprar caña, anzuelo y cebo para comenzar la campaña de pesca. Queridas amigas solteras por convicción, ¡ojito que se abre la veda! Apaguen sus teléfonos móviles, que comienza la función.

Venga, Natalia, no seas así. ¡Es importante que triunfe el amor! Así la próxima primavera llegará la boda, y después el bautizo y, con suerte, hasta la comunión, y otra boda, y otro bautizo… el ciclo sin fin, como en El Rey León.

Así es que, salgan a la calle de pesca o quédense en casa en compañía y aprovechen mi coartada, si es que “para esos menesteres” son de los que, tristemente, necesitan excusa. Les voy a contar un secreto: parece que el siguiente número de las famosas Sombras de Grey está a punto de caer, así que este año “pillan cacho fijo”, tranquilos.

Pero, pero, pero… -mi querida Mayra, qué haría yo sin ti.-

Sintiéndolo mucho, hasta aquí llega la parte recreativa de este artículo. Porque, hablando de hervores y fervores, ¡redoble de tambores…!

¿A quién se le ocurrió la feliz idea de poner en esta época del año la Semana Santa?

Hay que ser “cortarollos”. ¡Con la Iglesia hemos topado! Ahora que estamos en época de cambios, voy a solicitar un referéndum para que la cambien a octubre, ¿les parece?

Hablando de cambios, no les digo yo a ustedes que en Madrid veamos procesionando este año al Cristo de los Titiriteros, a la Virgen de la Cuerda Floja Mayer, o a Nuestra Señora del Carmen de Carmena disfrazada con abanicos y babuchas “a lo Locomía” -¿se acuerdan de ese grupo musical? con esa estética tan… tan… tan… defínanla ustedes mismos.

Tranquilos, tranquilos. Pueden estar tranquilos. Consultadas fuentes oficiales, parece que la titularidad se la dejan, por el momento, a los clásicos de siempre: Nuestro Padre Jesús del Gran Poder (¿qué les dije? Apuesto a que aparece vestido de morado), María Santísima de la Esperanza (y no es Aguirre), Jesús Nazareno, la Virgen de la Soledad (y no es Becerril), Jesús Nazareno de Medinaceli (alias “El Cristo”), María Santísima de los Siete Dolores y el Santo Entierro (vaya panorama…), la Virgen Dolorosa, la Hermandad del Silencio y el Santísimo Cristo de la Fe – por orden de aparición, Amén.-

Les recuerdo que la Semana Santa, desde el domingo de Ramos al domingo de Resurrección, es época de recogimiento: se celebra la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Y no se come carne roja –ni viva ni muerta, así que olviden los previos de los que les hablé hace un rato, hasta nueva orden.-

Una no es muy de religiones. Qué les voy a contar, después de estos meses, si ya somos íntimos. Pero ¿han vivido ustedes las celebraciones de la Semana Santa de cerca? Estuve viviendo ocho meses en Sevilla, de marzo a octubre, y de aquella etapa me quedaron dos cosas claras: no hay Semana Santa sin lluvia y, seas o no seas creyente, la Semana Santa te toca.

Recuerdo que cuando entré por primera vez en el portal de mi casa, una vez fijada la residencia allí, olía a “algo” que posteriormente identifiqué como incienso. Incienso del de verdad, no el que usamos en casa con nombre impronunciable, que viene de la India. No, no; del que se lleva usando en las iglesias de nuestro país, “de toda la vida de Dios” (esta frase me viene muy ad hoc, ¿no les parece?) El caso es que iba con mi madre, y al entrar en el portal, el olor era tal que ella, también muy dada a conspiraciones –de casta le viene al galgo, oigan- me dijo: “para mí que aquí vive alguien de una secta.” Y es que no era solo el olor, sino el sonido de aquel luminoso portal de la céntrica Avenida de Cádiz. El sonido de los pasos de la Semana Santa. Solemne y estremecedor, pero para mí en aquel entonces, aún irreconocible.

Y la Semana Santa llegó. Y con ella la lluvia, como jamás he visto caer en mi vida. ¡Aquello parecía el monzón! Y la ciudad se paralizó durante toda una semana, no por la lluvia, sino por los pasos religiosos de las diferentes cofradías que recorren los barrios más céntricos de la capital andaluza, de domingo a domingo.

“La Madrugá” se canceló por la lluvia…Nada raro. Sin embargo, una de aquellas noches, posiblemente la única en la que no llovió, tuve la oportunidad de acercarme a la Catedral y zambullirme de lleno en una procesión. Señoras y Señores, crean o no crean en la religión cristiana, deberían seguir mi ejemplo. El fervor de la gente, el sudor, las caras de cansancio, sufrimiento y dolor de los nazarenos, la música, las imágenes de los pasos, las luces de las velas, los olores, el retumbar del sonido de los tambores y las trompetas, las calles tan estrechas llenas de gente y de cera, los capirotes… El silencio. Un silencio compuesto por los miles de silencios de los millares de personas que se concentran en aquellas calles tan estrechas. Un silencio tan solemne y apabullante que encoje el alma.

Yo sé que muchos de ustedes no estarán de acuerdo con que se celebre la Semana Santa en Madrid. Como les digo, para mi es algo que, al nivel de mis creencias, ni me va ni me viene. Pero sin duda lo considero toda una experiencia enriquecedora para los sentidos. Háganme caso; total, para lo que ponen en la tele, nada pierden.

Ya sé que dentro de esta nueva corriente “neoliberal-progresista” en la estamos atrapados, no se llevan mucho estas cosas: ahora somos más de “tocar las orejas” al que ya tenía sus derechos, sin entender yo mucho dónde están las ganancias para unos y otros. “Es que yo no tengo porqué subvencionar las creencias de esos” bueno, si les sirve de consuelo, “este numerito” dura solo de un domingo al domingo siguiente. Yo no creo en la religión del Real Madrid, ni en la del Atlético, ni en la del Rayo, ni en la de los toros, ni en la de las carreras de caballos, y mis impuestos, como los suyos, subvencionan la celebración de esos eventos cada domingo, durante todo el año. Y llámenme clásica, pero no me da por “ponerme en pelotas” y saltar al césped de cualquier estadio gritando en contra del fútbol y a favor de “mi derecho” a no verlo o seguirlo. Una que se está haciendo mayor o debe ser muy recatada.

Ustedes tienen algo que les gusta y les hace felices: enhorabuena. Sigan disfrutando de ello. Yo soy libre de compartirlo o no con ustedes. Es su libertad y la mía. Pero terminar con lo que es importante y de valor para ustedes, caricaturizarlo, ridiculizarlo, abolirlo, para hacer prevalecer unos derechos que se sienten heridos en lo más profundo por algo que no hace mal a nadie, en lo que a nadie se obliga a participar, de verdad que no puedo defenderlo. Y si la consigna es “o todos o ninguno”, vamos a ver si conseguimos hacer realidad eso de “Comunidad de Madrid: la suma de todos” en vez de continuar restando, dividiendo y haciendo logaritmos neperianos y binomios de Newton, con tal de “fastidiar la marrana.”

Sumar siempre es más sencillo que restar: Vive y deja vivir.

¿Pero no estábamos hablando de la primavera? Ya toca retomar e ir concluyendo.

No hemos hablado de las fresas, ni de los aguacates, ni de las berenjenas ni de los espárragos. Ni de los capullos… ¿o de los capullos sí? Es lo malo de no tener invierno: que los capullos están visibles y presentes todo el año.

Pues, para terminar y como siempre, consejos por partes.

A las princesas de la boca de fresa, ya os lo he dicho: pronto se abre la veda, así que cuidado con los anzuelos. Del agua-, poco hay que decir porque no llueve ni a lametones, y de los -cates, aún estamos a tiempo de salvar el curso. Las berenjenas son buenas para el hígado, así que han de ser plato principal para quienes la situación actual del país, se lo repatea –liberen unas pocas bilis, que les irá bien- Los espárragos dice el refrán: “El que nísperos come, bebe cerveza, espárragos chupa y besa a una vieja; ni come, ni bebe, ni chupa, ni besa.” Por lo tanto… aplíquense el cuento: coman como los curas en cualquier semana que no sea la Santa, beban hasta hacer bailar a sus neurotransmisores, chupen sin miedo que ya habrá alguien que les avise, y besen…

…besen hasta que duela, que ya casi es primavera.

 

Artículo publicado en el número 27 del Periódico Capital Noroeste – marzo 2016.
By | 2016-10-23T16:18:03+00:00 marzo 1st, 2016|Opinión|0 Comments

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