El día que la Mari decidió no ser morena.

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El día que la Mari decidió no ser morena.

Señoras y señores, sé que para muchos será triste recibir esta noticia, pero me ha tocado a mí ser la emisaria: SE ACERCA EL FINAL. Menos mal que está la Mari para ayudarnos.

Espera, espera, espera… ¿El final? ¿Cómo que el final? ¿El final de nuestros días? ¿El final de nuestra relación con la suegra? ¿El final de la pata de jamón? ¿El final de los Reyes Magos? ¿El final de la botella?

Ha comenzado la cuenta atrás –sí, la misma que la del anuncio de la tele, la del ninonino – y quedan menos de tres semanas para el comienzo de un año nuevo.

A estas alturas, porque las luces, los centros comerciales y las estrategias de marketing cada vez nos lo ponen más sencillo, casi todos ustedes saben qué van a hacer durante la Navidad: los regalos que hacer, las recetas que preparar, el modelito que ponerse, … Todo hasta que un día llega el temido: “Cariño, que mi madre va a hacer la compra de Navidad y pregunta si este año nos toca el día de Nochevieja en su casa o en la de tu familia.” Y ahí es cuando se lía la mundial: la Marimorena.

El Mundo podría dividirse definitivamente en dos mitades:
la de las personas a quienes les gusta la Navidad y la de las que la odian.

Para hacer este análisis tan profundo, me voy a apoyar en un temazo, uno de esos clásicos de nuestras vidas, uno de esos himnos que te marcan profundamente, un hitparade que parece formar parte de nuestro ADN, de esos que aprendes y ya nunca olvidas. Ladies and Gentleman, con todos ustedes: Ande, ande, ande… (etc.)

Como siempre, ya me conocen, hagámoslo al estilo de Jack: vayamos por partes. Voy a presentarles a la Mari.


El portal de Belén.

“¿Pero no se llama Mari?” Síganme, y luego hablamos. Dice así:

“En el portal de Belén hay estrellas sol y luna, la virgen y San José y el niño que está en la cuna”

La verdad es que el portal de la Mari no está tan animado. O quizá sí, pero con la vida que lleva, ni siquiera se ha enterado. Aaaayyy… ¿Dónde quedó aquella tradicional relación entre vecinos hablando por las ventanas del patio interior? qué tiempos aquellos, ¿eh?

La verdad es que ahora mola más. Especialmente para aquellos que no vivimos en uno de esos edificios con muchas plantas y patio interior y no paramos mucho por casa. Ahora Radiopatio se ha globalizado y emite en streaming, 24 horas al día, 365 días al año, en múltiples plataformas, y a las horas deseadas por el consumidor, ofreciéndonos una visión más profunda de lo que pasa en la escalera. Y es que la Mari, la del tercero, ya no nos habla como Amparo, la que vivía allí antes. Esta no nos cuenta que anoche se le pegaron las croquetas y que no soporta a su cuñada Margarita, la divorciada, ya sabes… ¡que menudo ojo ha tenido otra vez su hermano eligiendo pareja! Esta Mari parece tener otros saberes.

Cuando la Mari se mudó, fue todo un shock para la Comunidad.

– “Puri, ¿has visto a la vecina nueva? Tiene pinta de buscona. ¡Y no está casada ni tiene hijos!”
– “Bueno, ya verás esta… Ya le he dicho a mi Manolo que ni se atreva a saludarla.”

Gracias a dios, el hijo de Paqui, la del primero, tiene un perfil en LinkedIn y se enteró de que la Mari es una tía con dos carreras, tres Máster internacionales, un Doctorado, empresaria, soltera por convicción y con muy poco tiempo libre para ocuparse de esas cosas de tener familia. ¡Menos mal!

Dice Carmen, la del cuarto, que en su Facebook tiene más de 400 amigos – fíjate que en la escalera somos sólo veinticuatro- , y que el otro día la escuchó hablar con un amigo por el móvil y decir que se cansa de ver en no sé qué muro el partido político al que la gente va a votar el día 20, las recetas que van a preparar sus amigas en Navidad, el modelito que les gustaría comprarse para Nochevieja, las fotos de sus amigos borrachos el día la cena de empresa y los taladros que le va a hacer a su amiga Rosa el Paco de turno el fin de semana– no piensen ustedes mal: es que quiere colocar un mueble que ha hecho con pallets reciclados para enseñárselo a la familia, que viene de visita.- Fíjate tú qué cosas.

Lola, la del segundo, cansada de preguntarse: “¿qué dieta seguirá esta perra para tener ese cuerpazo?” dice que entró en su Instagram y así su duda quedó resuelta.


Los excesos

[…] dame la bota María que me voy a emborrachar.

¿Hay algo que puedan ustedes hacer en contra de esto? ¡Vamos!, esto está escrito desde los anales de la historia: Gonzalo se agarra la primera cogorza el día de la cena de Navidad de su empresa y ya no la suelta hasta el día 10 del año nuevo.

A la Mari no le gusta esto. La Mari no bebe. Y a la Mari le importa bastante poco si el cava de la cena que ha preparado su cuñada, la mujer de Gonzalo, es catalán o neozelandés. A la Mari lo que le viene a la cabeza es tener que soportar a su hermano, otro año, cuando se le calienta la lengua y no hay quien le soporte. Y unas veces le da por hacerse el amanerado, otras por discutir sobre fútbol o política con quien se le pone en frente y otras por volverse sobón y restregarse con todo lo que se menea.

Además, la Mari, resulta que es vegetariana. “Ya estamos otra vez con la rarita de tu hermana, Gonzalo. Haz el favor de llamarla y pregúntala si piensa probar mi estofado, porque hombre, digo yo que por un día que haga una excepción, tampoco va a pasar nada. Si no, que te diga si prefiere que le prepare caldo de pescado.”

Y todos los años la misma canción…


Ritmo y compás.

“En el portal de Belén han entrado los ratones y al pobre de San José le han roído los calzones.”

Si sólo ha sido eso, de verdad que el hombre tiene suerte. Son sólo los calzones y así tiene la oportunidad de comprarse unos nuevos. Aunque claro, a estas alturas del año, como no sean unos rojos en los chinos, lo lleva claro.

A la Mari lo que le comen los ratones en estas fechas son las horas. Lo que no tiene repuesto: su tiempo. Se vuelve casi imposible para ella, mujer emprendedora, empresaria y luchadora, contactar con un proveedor o con un cliente, hacer un pedido o recibir un pago. Cerrar el año fiscal a tiempo, organizar los ingresos para pagar los impuestos… Todo se vuelve una batalla épica como la de las Termópilas. Ya sabe que, desde el origen de los tiempos, el mismo día que comienza el mes de diciembre, con olor a puente, ya se puede olvidar de su trabajo hasta mediados de enero.

Menos mal que, con los años, la Mari se ha hecho una mujer más sabia e inteligente que consigue sacar lo mejor de todo esto.

Hace unos meses, un buen día, la Mari decidió dejar de ser morena. Decidió no entrar nunca más en el juego. Sigue siendo la Mari, pero el binomio no está completo porque ya no es morena. Y le importa bastante poco lo que la vecina opine de si ha puesto en su casa adornos de Navidad o no. Mira con pena a Ernesto, el de enfrente, que fanfarronea en el descansillo delante de ella, cuando todos saben que, en realidad, se hincha a Roscón de Reyes porque es el único rosco que se come durante todo el año.

La Mari ha decidido que, para no tener que lidiar con todo esto y no ser una preocupación para su madre, para la cuñada, para su hermano, para sus amigos, para la vecina… para todos los demás, menos para ella, estas Navidades las pasa con su amiga Virginia en el Tíbet, sin amigo invisible, sin adornos, sin estofado, sin cava catalán, sin sorteo de la lotería, sin regalos de Papá Noel, sin chocolate con churros el día de Navidad, sin concierto de Año Nuevo, sin roscón y sin cabalgata. Sin las disputas de a ver quién decide este año en qué canal se ven las campanadas, sin tener que pelar las uvas, sin ocuparse del color de su ropa interior o siquiera de si va a cenar el día de Nochevieja. Este año la Mari, segura de que a fin de cuentas no va a cambiar nada, simplemente pasa.


Toque de zambomba, redoble de pandereta y remate final.

Esta pregunta va para ustedes: ¿Y si fuera hoy el último día de sus vidas?

Un amigo mío, muy inteligente, me hizo hace poco una pregunta:

– ¿Qué harías si mañana te tocara la lotería?

Mi respuesta fue dubitativa. “La verdad es que como no suelo jugar, no lo he pensado mucho. Supongo que, como todo el mundo, tapar agujeros y vivir mejor.”

Su respuesta fue fulminante para mí:

-Entonces significa que estas desperdiciando tu tiempo, porque no estás viviendo una vida que te hace feliz. Si a mí me toca mañana la lotería, compraría cuatro o cinco cosas que de verdad me hacen falta: unas velas, algo de material de repuesto, arreglaría cuatro cosas en el barco, un poco de pintura, y regalaría el resto del dinero a mi familia y amigos, para seguir viviendo la vida que vivo ahora, que es la que me hace realmente feliz, la que me llena cada día.

Os hablo de alguien realmente excepcional. Alguien que un buen día, se enfrentó a su vida, puso toda su comodidad y estabilidad patas arriba y decidió pasarla navegando solo, con su velero, recorriendo el mundo entero. “Porque hay mucho que aprender y mucho que ver”, dice. Sin duda alguna, es la persona más cuerda, honesta y feliz que he encontrado jamás.

La Mari no ha llegado realmente a este punto. Pero, a su manera, al menos dio el primer paso el día en que decidió dejar de ser morena. Decidió analizarse a sí misma y ocuparse de agradarse más, sin importarle lo que opinen de ella, entendiendo que su vida no es un carnaval o un baile de disfraces.

Ella piensa que la vida hay que vivirla con honestidad. Siendo fiel a sus propios principios. Empezando por ser honesta con sigo misma.

Si en este punto, aún no han entendido a la Mari y no se han dado cuenta de que cada día de sus vidas comienza una nueva etapa, aquí tienen el gran momento, el de los contables y matemáticos: el día 1 del calendario. En todas las culturas, el número 1 siempre significa algo nuevo.

¡FELIZ VIDA NUEVA!

By | 2016-10-23T16:18:05+00:00 febrero 2nd, 2015|Consejos, Crecimiento Personal|2 Comments

2 Comments

  1. Maricruz 5 enero, 2016 at 2:54 pm - Reply

    Qué bonito!!!! Es una pasada,cada mes me gustan más
    Eres una artista

  2. Agus 19 abril, 2016 at 9:31 am - Reply

    Gracias por un artículo que rezuma buen humor y estampas cotidianas tan reales. Sospechó qué Marí es un alter ego.Y… esas personas tan honestas y felices también tienen grietas en sus periplos marineros alrededor del mundo ¿ Quizá buscan escapar o encontrar?

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