¡Hola corazones!

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¡Hola corazones!

Guía práctica de actividades cardiosaludables para todas las edades.

Siento esta la sección de Salud y Bienestar, ¿cómo no íbamos a celebrar juntos el Día Mundial del Corazón? ¡Con todos los gustos y disgustos que nos da a lo largo del año! Además a ustedes, aunque no nos conozcamos, ya les llevo en un cachito del mío.

Un, dos, un, dos.
Manos a la cintura. Manos arriba. Doblamos el tronco para tocar el suelo sin doblar rodillas. Pies atrás. Rodillas al suelo, codos al suelo, cuerpo en tabla y aguantamos la posición diez minutos. Según internet esto puede salvarles la vida y hacerles tener mejores abdominales que Cristiano Ronaldo, pero sólo funciona si me mandan un correo electrónico con la palabra Amén. Ya saben cómo funcionan estas cosas.

Después de este tute, no sé ustedes pero yo ya me he cansado para todo el día. Para relajarnos y como tenemos diez minutos por delante en posición de tabla, les propongo colocar este artículo delante de sus narizotas y leer mientras mantienen la posición.

El corazón se trabaja de forma física pero también desde las emociones.

Lo de darle trabajo al músculo ya lo hemos dejado resuelto pero, ¿cómo trabajan ustedes el órgano de las emociones?

De corazones y alteraciones.

Me asaltan serias dudas sobre esa asociación que hacemos entre el corazón y las emociones: ¿residen realmente las emociones en el corazón?, ¿surgen de él? Quizá el don de la palabra pueda darnos alguna pista.

En nuestro lenguaje coloquial usamos frases como: “actúa de corazón”, “tengo el corazón en un puño”, “te llevo en mi corazón”, “no tiene corazón”, “te hablo con el corazón en la mano”, “haré de tripas corazón” o como dice la canción “¿quién me va a curar el corazón partío?” Frases con un significado un tanto metafísico para algo tan racional como un órgano compuesto de músculo, con cuatro cavidades, que late y es el máximo responsable de nuestra vida. Porque si el cerebro deja de funcionar pero el corazón sigue latiendo, se entiende que hay vida, pero al revés, rien de rien. Resulta fascinante que una cosa tan pequeña sirva para tanto. Volviendo a nuestro tema, parece que no, que el castellano de a pie no ayuda.

Etimológicamente, encuentra su raíz en la palabra sánscrita hrid, que significa “saltador” haciendo clara referencia a su movimiento dentro del pecho. Desde ahí, los griegos y posteriormente los romanos hicieron unas cuantas adaptaciones de la palabra que terminó por ser tal y como la conocemos hoy en diversas lenguas: corazón, cor, coeur, cuore, coração…  Los ingleses como conducen por el otro lado, ya me entienden, usan una palabra de raíz distinta peeroooo utilizan la palabra core para referirse a la parte interna de las cosas. Raritos, pero no tan distintos.

Llegados hasta aquí, parece que ni la lengua ni la historia nos van a ayudar demasiado a solventar nuestras dudas. Y es que el corazón no entiende de razones, ni de historia, ni de lengua, ni de religiones. Entonces…

¿El corazón late y punto?

Claro que no. De hecho, lo único que tenemos claro es que el pobre corazón siente y padece. Quizá tengamos que buscar nuestra respuesta en Oriente, en la medicina tradicional china, que interpreta el cuerpo humano como un todo compuesto por una esfera física, una espera emocional y una esfera mental, fruto de cuya desalineación surgen las enfermedades.

El movimiento de las esferas.

El corazón no atiende a razones pero el pobre sufre las consecuencias de nuestros pensamientos y nuestros actos, de nuestras emociones, de nuestra percepción e interpretación de las cosas, de nuestras preocupaciones, de nuestros prejuicios, de nuestras interacciones… Y si falla el que bombea la sangre, se pueden imaginar cómo va el resto del cuerpo. En un artículo anterior les dije que ocupamos el 70% de nuestro tiempo en pensamientos negativos, ¿recuerdan? Yo voy a ser buena e intentar hacer un 50-50 entre amigos y enemigos, por aquello de equilibrar la balanza.

LOS ENEMIGOS DEL CORAZÓN:

Señoras y señores, en este apartado se encuentran sus deberes de hoy –por si mantener la posición de tabla se les queda corto.- ¡Y no me hagan trampa! Vamos a trabajar las emociones de la siguiente forma: adaptamos la idea a nuestra vida, identificamos los problemas, los analizamos de manera racional y los convertimos en oportunidades. En cada fragmento hay una pista para conseguirlo; a ver si la encuentran.

Lamentablemente en esta lista van a encontrar a algunos de los clásicos de su día a día. Y es importante hacer bien nuestros deberes y terminar con ellos porque producen irregularidades en el ritmo cardiaco que se traducen en palpitaciones, taquicardias, nerviosismo, insomnio e incluso depresión.

Tic, tac, tic, tac en un compás de 4/4 es un ritmo perfecto.

El estrés y la ansiedad.

El problema es que el trabajo, los niños, la casa, la hipoteca, la pareja y ciertas imposiciones, marcan un ritmo frenético que nos obliga a meter el compás completo en un solo tiempo. Y eso no puede ser. Si no aprendemos a posponer y delegar, la música no sale y el ritmo cardíaco se altera y se vuelve ansioso, haciendo que nos cueste incluso respirar.

La preocupación.

Lo de siempre. Pre-ocuparse, es decir, perder el tiempo pensando algo que posiblemente ni siquiera llegue a suceder. Mal consejera es nuestra imaginación y miren que se equivoca, pero no aprendemos a vivir el presente ni a patadas. “Piensa mal y acertarás”… o generalmente no, pero a tu corazón te lo cargarás. De eso, no tengo duda.

La frustración.

Resultado de las expectativas. Los príncipes y princesas, los cuentos de hadas, “La vie en rose” de Edith Piaf, el concepto del hombre hecho a sí mismo de los Estados Unidos… En el mundo real los príncipes no son azules, ni las ranas se transforman cuando las besas, ni todo el mundo nace para convertirse en magnate, ni las calabazas se convierten en Ferrari. Cuanto uno más se aleja de los objetivos realistas, por creencias impuestas o autoimpuestas, más crece la frustración y tanto la ilusión como el corazón dejan de latir.

La tristeza y el dolor.

Generalmente lloramos las pérdidas, sean del tipo que sean: el fallecimiento de un ser querido, una ruptura, el final de una amistad, el fin de un contrato… Todo lo que en algún momento fue nuestro y ya no lo será más.

Nos duele el apego y la incertidumbre, 

nuestra falta de adaptación y el fin de la pertenencia, esos lazos invisibles que creamos para sostener en su lugar a nuestro corazón.

El estatismo.

O lo que es lo mismo: vivir en piloto automático o la falta de movimiento. Nos apoltronamos en nuestra zona de confort, en el sillón de nuestras vidas y de ahí no hay quien nos saque. La rutina se convierte en aburrimiento y desinterés. Así dejamos de ver a nuestros amigos, dejamos de practicar nuestras aficiones, dejamos de buscar la chispa que antes movía nuestras vidas. Es decir, poco a poco, nuestro corazón muere en vida.

¿Qué, cómo se les queda el cuerpo? ¿Han encontrado las pistas? Tranquilos que ahora viene lo bueno.

LOS CINCO ALIADOS.

¿A quién creen que vamos a encontrar en esta lista? Pues a los que hacen que la máquina funcione a todo trapo, que el corazón se nos salga del pecho, que su música se acelere haciendo que la piel y los ojos nos brillen, aquellos que nos hacen estar pletóricos y que la gente que nos quiere diga “estás radiante.” Ahí van los superhéroes cardiosaludables.

El amor.

El número uno desde el origen de los tiempos. El amo de las pasiones, el que gobierna el mundo. El amor a nuestra vida, a nuestra familia, a nuestro trabajo, a lo que hacemos. El de las mariposas en el estómago al recibir un mensaje o el que dibuja en nuestro rostro una sonrisa ante la seguridad de un trabajo bien hecho. Háganme un favor: pongan pasión en todo lo que hacen, diseñen una vida que puedan amar 24 horas al día y les aseguro que podrán cantar eso de “tengo el corazón contento, el corazón contento y lleno de alegriiiiiaaaaa”

El buen humor.

Una vida feliz es una vida plena llena de amor, humor y color. El humor baja la tensión, reduce el dolor y combate la depresión. Así que ríanse, comenzando por hacerlo de ustedes mismos. Hagan más el payaso, disfrácense -porque la vida no es para tomársela en serio-, canten, salten, bailen, mírense en el espejo y háblense, sáquense la lengua, quítense el corsé y sonrían a la vida y hagan gala del humor. Sean sarcásticos o directos, pero ríanse hasta de su sombra.

La alegría y la felicidad.

Creo que la pregunta más difícil que le pueden hacer a uno es ¿eres feliz? ¿Qué les hace felices?

¿Cuál es el motor de su alegría?

Cada uno me dará una respuesta diferente: quizá su pareja, tomar unas cañas con sus amigos, su trabajo, viajar, salir a correr, leer un buen libro. Si se lo plantean, verán que no hacen falta grandes cosas para ser feliz. Solo hay que aprender a valorar los buenos momentos y ser capaces de retenerlos en la memoria, por muy fugaces que sean.

El agradecimiento.

Aprendan a valorar todo lo que tienen y verán que tienen razones más que suficientes para ser felices y dar gracias. Cada amanecer es un regalo, cada final una nueva oportunidad, cada caída una lección, cada silencio un espacio que llenar, cada cambio de viento un rumbo nuevo, cada latido, aunque a veces duela, una bendición.

Compartir.

Y nada de esto sería realmente bueno si no lo pudiéramos compartir. ¿Cuándo te ríes más de un chiste, cuando lo recuerdas o cuando lo cuentas? Somos animales sociales y nos encanta cascarlo todo, lo bueno y lo malo. Así que háganlo con quien ustedes quieran: sus familiares, sus amigos, sus mascotas o el primero que se siente a su lado en el autobús. No hay nada más bonito que mandarle un mensaje de agradecimiento a un amigo después de haber pasado un buen rato con él hablando de pasiones, amores, recordando momentos felices, cabreos monumentales y pataletas; risas, llantos, quejidos y lamentos sin los cuales la vida no estaría completa.

Recuerden ese proverbio chino que dice:

“El cuerpo que nunca enferma no está sano”

Así que, como la vida perfecta no existe, cabréense, lloren, pataleen, frústrense, sientan ira, rabia, furia, tristeza infinita, rómpanse en mil pedazos y manden todo al carajo. Pero nunca olviden su lado de Ave Fénix y resurjan de sus cenizas tras cada batalla. Todas las emociones son buenas en su justa medida y al fin y al cabo somos humanos y tenemos derecho a caer, pero la obligación de levantarnos cada vez con más sabiduría y más fuerza.

Artículo publicado en el número 33 del Periódico Capital Noroeste – octubre 2016
Ilustración de Regina García Cribeiro www.reginagcribeiro.com
By | 2016-10-23T16:17:58+00:00 octubre 5th, 2016|Consejos, Crecimiento Personal|0 Comments

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