Mindfulness: Deme 10 minutos al día y cambiaré su mundo

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Mindfulness: Deme 10 minutos al día y cambiaré su mundo

¿Cuándo fue la última vez que le dedicaron 10 minutos a pensar NADA?

Seguro que muchos de ustedes están haciendo memoria y por más que lo intentan no tienen una respuesta a esa pregunta. Los niños, el trabajo, la casa, la suegra, la hipoteca,… ¿Y si les dijera que dedicar 10 minutos al día a no distraer su atención puede cambiarles la vida? ¿Harían un esfuerzo por su bienestar y salud?

Hablamos de Mindfulness, la meditación del s.XXI.

Seguro que muchos de ustedes han oído antes esta palabra o un concepto referente a ella: habitar el tiempo, vivir el presente, conciencia plena, atención plena… ¿Qué significa realmente?

Para contestar a esta pregunta, voy a contarles algo que no les va a gustar nada. Nuestro cerebro dedica el 47% del tiempo a divagar, perdido en pensamientos, generalmente negativos, que buscan el control sobre el presente y se apoderan de él con asuntos del pasado y del futuro. ¡Ahí queda eso!

Las reacciones de la mente a este proceso suelen ser tres: o huye y no afronta el problema; o lucha y se pelea con todo lo que se menea; o se bloquea, sin ser capaz de dar un paso en dirección alguna. Ansiedad, estrés, enfado o estados depresivos, son el resultado de una mente dispersa. Preocupaciones y anticipaciones que sólo existen en nuestra imaginación pero que acarrean efectos devastadores en nuestro organismo.

Una de mis píldoras de felicidad: ni lamentarse ni preocuparse: ocuparse.

¿Para qué lamentarse si el pasado ya no existe y no tiene remedio? Los que me conocen, me han oído mil veces decir esto. Nunca me arrepiento de nada de lo que he hecho, ¡porque es absurdo, simplemente! Nadie más que yo quiere lo mejor para mí, ¿cierto? Luego entiendo que, en cada momento, hago lo mejor que puedo y creo para mí, con la información que tengo en ese preciso instante. ¡Claro! A toro pasado es muy sencillo decir: “¡ay, si hubiera hecho esto…!” cuando ya conocemos las consecuencias de la decisión tomada pero, ¿ese pensamiento va a cambiar el resultado? En absoluto. Entonces, asimilamos lo aprendido y a otra cosa, mariposa. Dejen de martirizarse y perdónense un poquito, que es bueno.

Respecto al futuro, la verdad es que no sabemos si va a existir y siempre nos imaginamos cosas que luego no llegan a ser, o no son como imaginamos. Nos encanta anticipar y tenemos la gran manía de ponernos en lo peor. ¿Cuántas veces han muerto y resucitado tras recibir un resultado médico? Nos hacemos una revisión y, hasta que el médico da su veredicto final, vive o muere, nos tiramos semanas pensando SIEMPRE en lo peor.

Retomando el tema que nos ocupa, mindfulness es la gimnasia para la mente. ¿Recuerdan? “Corpore sano in mens sana.” Sencillo: se trata de conseguir que cuerpo y mente estén en el mismo sitio.

Si buscamos sus raíces, diríamos que es una adaptación a la vida moderna de una tradición milenaria proveniente del budismo: la meditación, una práctica basada en la conciencia del presente para reducir el sufrimiento y aumentar la felicidad.

La ciencia ha demostrado que en menos de ocho semanas de práctica, la estructura cerebral se modifica. Les podría hablar ahora de la amígdala, del hipocampo, de la ínsula, la red fronto – insular… que es donde apuntan los miles de estudios que se llevan a cabo en diferentes universidades del mundo desde hace más de 30 años, pero vamos a lo práctico que es lo que nos gusta.

¿Cuáles son los beneficios que han llevado a la Ciencia a interesarse por este tema?

Neurólogos de todo el mundo han demostrado que la práctica mejora la neuroplasticidad cerebral, cambios en las conexiones neuronales, la reducción de la presión arterial y de los niveles de marcadores del estrés como el cortisol, la mejora de la salud celular y la reducción del dolor. Los psicólogos hablan de la reducción del estrés, la ansiedad, la depresión, mejora de las funciones cognitivas, ayuda en el tratamiento de adicciones o problemas de la relación con la comida, etc. En definitiva, un cerebro más consciente, compasivo y feliz.

Hablando de “aplicaciones a la vida moderna”, hoy las empresas dan cursos de mindfulness a sus empleados para potenciar su eficiencia y concentración; algunas universidades españolas, como la Complutense, ya la incluyen como asignatura dentro de sus grados y ofrecen postgrados específicos; fundaciones que trabajan con enfermedades degenerativas o cuidados paliativos la recomiendan como práctica para frenar el deterioro cerebral y reducir el dolor; Estados Unidos entrena a sus militares para reducir los niveles de estrés, especialmente de aquellos destinados en cuerpos de élite.

Como ven, hoy esta práctica ha quedado desvinculada de cualquier creencia religiosa y se emplea en diferentes ámbitos por su valor terapéutico.

Entonces… ¿cuándo empezamos?

Ya estoy imaginando a algunos de ustedes diciendo: “ahora me va a contar eso de que tengo que vestirme con ropa hippie, irme a Katmandú o echar a todo el mundo de casa para conseguir silencio, poner incienso, sentarme en el suelo en posición de loto -¡con lo que me duele la cadera!, y cerrar los ojos para intentar dejar la mente en blanco.”

Como sé que aún confían en mi capacidad de sorprenderles, les voy a contar un secreto. Pueden hacer todo eso si quieren, si les gusta el rollito paripé new-age y pensar que son muy cool porque hacen este tipo de cosas que están tan de moda. Pero la realidad es que, en mi caso, practico mindfulness, desde hace años, incorporándolo a actos de la vida tan cotidianos como comer o pasear con mis perros. ¿A que no se lo esperaban?

¡Todo son facilidades, no me pueden decir que no! Así que… allá vamos.

Primero vamos a fijarnos un objetivo, que no es otro que el control de la mente. Olvídense de esas ideas místicas de dejar la mente en blanco, parada de pensamiento, etc. etc. etc. porque eso debe ser para muy iluminados; nuestra práctica no tiene nada que ver con eso.

Mindfulness ayuda a reconocer los estados de divagación y volver al momento presente. Se trabaja la intención, la atención y cómo reencauzar el pensamiento. Es decir: aceptamos que nuestra mente se distrae, cogemos esa distracción, la observamos, tomamos conciencia de ella y la dejamos ir para volver a centrarnos en el pensamiento principal con el que iniciamos la práctica y que queremos. Sin juzgar. No me sirve un “es que lo intento, pero me distraigo mucho, me vienen canciones a la mente, me vienen todas las tareas pendientes a la cabeza” porque de eso se trata, de distraerse, darnos cuenta y reconducir la atención, con control, sin culparnos.

Trabajamos, entrenamos la mente para ser más conscientes, más compasivos con nosotros mismos y con los demás. Aceptamos lo que el momento nos ofrece, sin juzgar si es bueno o malo.

No vamos a necesitar más de 10 minutos al día. Aunque pronto le irán cogiendo el gustillo y verán que pueden ser 5 minutos mientras me ducho, 10 minutos mientras conduzco, 20 minutos mientras preparo la comida o como. De repente todo les parecerá nuevo. Sólo tienen que concentrarse en lo que están haciendo. En cada uno de los movimientos y sensaciones que envuelven nuestros actos cotidianos. Sin pensar en nada más. Sólo concentrándose en la acción que están llevando a cabo.

Hace tiempo escuché una metáfora sobre nuestra forma de caminar por la vida. La comparto con ustedes. Imaginen que están en un parque, paseando con unos amigos y llevan una manzana en la mano. Ustedes están hablando, escuchando, centrados en la conversación, viendo a los niños que hay alrededor jugando y comiendo la manzana al mismo tiempo. Llega un momento en el que terminan la manzana y ésta desaparece. Ya no está. Y sin embargo, ustedes apenas han sido conscientes de haberse comido la manzana: no han sentido la textura de la piel en sus manos, no se han dado cuenta de cómo cruje entre sus dientes al morderla y masticarla, no se han dado cuenta apenas del sabor, en los diferentes bocados, de su frescor… Pero la realidad es que la manzana ya no existe. Esto nos pasa en cada día de nuestras vidas. Vamos con el piloto automático y no somos conscientes ni del 20% de las cosas que pasan alrededor.

A continuación les propongo unas cuantas situaciones cotidianas a las que pueden incorporar esto del mindfulness, a ver qué les parece y en menos de ocho semanas, como dicen los científicos, me cuentan que la vida se ve de otra forma. En mi caso, les confieso que es así. Más que una práctica, se convierte en una filosofía del vida: el aquí y ahora.

Recuerden que nuestro objetivo es mantener la atención plena en lo que estamos haciendo. Entonces:

  • La práctica de la respiración: simplemente cierren los ojos y concéntrense en su respiración. Noten cómo el aire entra por su nariz y enfría sus fosas nasales, si reconocen algún olor, y sigan el recorrido del aire por todo el cuerpo, desde la nariz a los pulmones, y en su camino de vuelta y salida, bien elijan por la boca o la nariz. Sientan cada paso, cada sensación, todo lo que produce en su cuerpo cada molécula de aire que se adentra en su organismo.
  • La práctica de la posición corporal: cierren los ojos y visualícense en el espacio que ocupan donde estén. Recorran con la mente cada parte de su cuerpo, de los pies a la cabeza o de la cabeza a los pies. Observen las diferentes zonas de contacto con el suelo, con otras partes del cuerpo, la tensión de los músculos, de los ojos, la mandíbula, las manos… Permítanse sentirse y aceptarse en silencio, sin juzgar la sensación, la posición, la tensión, etc.
  • La práctica de los sonidos: esta práctica incluso pueden hacerla mientras caminan por la calle. Simplemente se trata de centrar su atención en todo aquello que escuchan. No intenten adivinar de dónde viene el sonido; no juzguen si es más o menos bonito, rítmico, etc. Sólo escuchen. Pueden comenzar por los sonidos de cosas que tengan más cerca y terminar por aquellos que parezcan más lejanos.
  • La práctica durante el ejercicio físico: mi favorita. Si están acostumbrados a hacerlo, salgan a correr o a andar y hablen con su cuerpo. Escuchen lo que tiene que decirles. Sientan las zonas de impacto con el suelo, los músculos que intervienen en ese movimiento, si hay alguna zona dolorida, fatigada. No juzguen las sensaciones. No piensen si son buenas o malas, sólo sientan.

Para concluir, les dejo para la reflexión esta frase del austriaco Viktor Frankl, neurógolo y psicólogo superviviente al holocausto:

 “La última de las libertades del hombre: elegir nuestra actitud cualesquiera que sean las circunstancias.”

 

Artículo publicado en el número 28 del Periódico Capital Noroeste – abril 2016.
By | 2016-10-23T16:18:02+00:00 abril 26th, 2016|Crecimiento Personal, Mindfulness|0 Comments

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