Apuntes sobre ecología emocional

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Apuntes sobre ecología emocional

Cómo sobrevivir en este mundo anestesiado, que no anestesiado en este mundo. A vueltas con lo emocional.

“Os hablo desde la sabiduría que da el fracaso”. Así comienza esta pequeña reflexión: sabiduría y fracaso.

Capítulo I: sobre la sabiduría.

Vamos a empezar por definir cuál es el tema de este artículo. Así si no te interesa, no tendrás que seguir leyendo. Eso sí: tú te lo pierdes, porque no tiene efectos secundarios negativos, pero sí algunos trucos que te van a ayudar en tu día a día.

Con el concepto de ecología emocional intento reflejar la idea de que somos parte de un enorme ecosistema cuyo equilibrio depende de todas y cada una de nuestras palabras, acciones y actitudes. Cada cosa que hacemos cada segundo, modifica el entorno de una forma u otra, afectando a otros. Piensa en una sola acción que no tenga consecuencias para segundos y/o terceros. ¿Se te ocurre? Siquiera respirar, puesto que en esta acción también estás consumiendo oxígeno ajeno.

Ahora vamos a trasladarnos a un mundo imaginario en el que todos nos preocupamos por la sostenibilidad medioambiental – sí, lo sé… como buena sagitario soy algo ilusa, lo reconozco – Pero supongamos que es real y, de ser así ¿por qué no vamos a esforzarnos por conseguir también una razonable sostenibilidad emocional? Quizá incluso éste debería ser el primer paso.

Como en la sostenibilidad medioambiental, este concepto se apoya en las tres erres:

  • Reducir pérdidas de energía y recursos innecesarios. Deshazte de todos aquellos tóxicos que afectan a tu vida, ya sean personas, acciones o cosas. Esto no quiere decir que vayas a mandarlo todo al carajo, sino que vas a tomarte las cosas de otra manera, comenzando por analizar cuáles son esos tóxicos. Cuáles son las cosas que te agotan sin aportar nada positivo. Cuáles son tus “vampiros energéticos”. De esas personas, cosas o circunstancias, cuanto menos y cuanto más lejos, mejor que mejor. Y si tienen que estar cerca, entonces sí te dejo que te anestesies y ni sientas ni padezcas.
  • Reutilizar a lo largo del día sensaciones, pensamientos y emociones que te hacen sentir bien. Busca en tu memoria ese momento o esa experiencia que te hizo sentir bien y vuelve a ella siempre que lo necesites. Cuanto más cercana en el tiempo sea, mejores serán los resultados.
  • Reciclar: Tira a la basura, sin ningún cuidadito, todos aquellos pensamientos y/o emociones negativas. Porque la realidad es que ni aportan ni conducen a nada. Sólo te hacen perder tiempo y energía, y restan espacio y disfrute a las cosas positivas que son las que realmente importan. ¡Ah, pero estamos hablando de reciclar! Entonces vamos a dar un paso más. Si lo piensas bien, todas las cosas que creemos negativas de la vida, tienen su lado positivo. A veces nos sirven para crecer, otras para darnos cuenta o mostrarnos un camino, otras simplemente son buenas porque son efímeras, luego no merecen por nuestra parte mayor preocupación, ocupación, tiempo ni esfuerzo. Entonces ¡recicla y convierte todo lo malo en algo bueno!

Cuando uno es capaz de dominar las tres erres e incorporarlas a su esquema de vida, está bastante más cerca de la sabiduría que del fracaso.

Capítulo II: sobre el fracaso.

Los pilares básicos en los que se apoya todo buen cerebro con tendencia al fracaso se resumen en estas frases:

  • Ojos que ven, cerebro que no siente. “Doctor, por favor, a mí con anestesia general.” Es nuestro día a día: rutina, resignación, apatía, mejor no pensar, ley del mínimo esfuerzo.
  • Vamos a la cama que fue un día duro y mañana hay que trabajar: la importancia que le damos al pasado y al futuro se apodera nuestra vida, cuando el presente, si lo piensas, es lo único que realmente tiene sentido. El pasado ya no es: no tiene remedio ni peso. El futuro ni siquiera lo conoces, luego no anticipes. Vive aquí y ahora. Este preciso momento.
  • Cuéntame un cuento y verás qué contento. Deberíamos denunciar a Hollywood y a los escritores de cuentos de hadas y princesas. Señoras y señores, ante ustedes una triste y hasta hoy no revelada realidad: la princesa, el príncipe azul, la vie en rose en la ciénaga, el lobo feroz, el hada madrina y el genio de la lámpara ¡no existen! A la princesa ningún príncipe ha venido a buscarla y ahora le toca currar y pasarse la vida a carreras. Menos mal que para “desconectar” – ¿no he escrito vaciar su cerebro?, ni yo me reconozco- se dedica a ver esos programas basados en el regocijo y la intromisión en la vida de otros. El príncipe azul ya pasa de princesas y se ha comprado el abono de su equipo de fútbol favorito. El hada y el genio de la lámpara han montado una empresa que se llama “Más vale que te esfuerces y no esperes milagros”. El lobo feroz se ha retirado porque estaba cansado de tanta competencia desleal e intrusismo profesional. Como nuestro ego ve lobos feroces donde no los hay, dijo el auténtico: ¿para qué?… y se fue a vivir a una isla perdida donde graban los concursos que tanto le gustan a la princesa. La vie en rose en la ciénaga es una vida rutinaria, con suerte en un PAU, y no quiero criticar, pero de esto algo de culpa tienen el hada y el genio de la lámpara.

Capítulo III: conclusión.

¡Déjate de cuentos! Practica las tres erres de la ecología emocional, quiérete un poco más y dedica un poco de tiempo al pensamiento. Si no te viene la inspiración, usa recursos ajenos. Hay webs, como www.sabidurias.com, en la que encuentro a diario una frase para reflexionar. Por último, antes de ir a la cama, hay deberes: escribe algo que hayas aprendido y algo que te haya hecho sentir bien durante el día. Recuerda que la mejor medicina está en ti.

By | 2016-10-23T16:18:04+00:00 febrero 2nd, 2015|Crecimiento Personal, Ecología|0 Comments

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