1, 2, 3… ¡a dieta otra vez!

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1, 2, 3… ¡a dieta otra vez!

Señoras y señores…se acaba el mes de las flores.

Llegan meses soleados,

con sus piscinas y sus lagos.

Con silla, sombrilla y la esterilla,

en la playa se está de maravilla.

¡Ay! que nos ha “pillado en bragas”,

y con michelines a patadas.

Señoras y señores…

comienzan las restricciones.

Olvídense de la panceta, del chorizo y las natillas

y empiecen a darle a las zapatillas.

Los copazos, las rosquillas y fritangas

dejan paso a bermudas y tangas.

Dejen el postre, copa y puro,

que viene el vecino mazado dando duro.

Durante los próximos cuatro meses,

nada, nada de entremeses.

Para encontrar churri este verano,

hay que entrenarse como un troyano.

Ya llegará octubre,

y recuperaremos la grasa que hoy nos cubre.

Hasta entonces, sin aliento,

nos toca restringir el alimento.

Que dios nos pille confesados:

el verano ha comenzado.

 

¿Han comenzado ustedes ya la dieta? Yo no puedo tomar una decisión acertada todavía y es por eso que he retrasado el inicio de mi operación biquini. Estoy esperando que llegue junio y todas las revistas dirigidas a mujeres se llenen con las mejores recomendaciones para, en 15 días, estar a punto para el verano. Total, si en un par de semanas se queda uno estupendo, ¿pa qué queremos prisas?

¿Cuáles serán las modas de este verano? ¿Qué famosucha se encargará de abanderar la campaña publicitaria de la dieta estrella? Señores, mucho más importante que la nominación al Premio Nobel de la Paz. Dónde va a parar.

Por el momento voy a compartir con ustedes mi “top 5” de las dietas más ridículas y absurdas de la historia, que arrasaron en años anteriores. Igual alguna repite. Dejen de pensar en esas famosas dietas que riman en –ucho, -agua, -eto… ¿eh? que ya nos conocemos. Ahí van. Ojo que algunas de ellas, de paso, también son de las más peligrosas:

Número 5: La dieta de la uva. Entre tres y cinco días a base de uvas, zumos de uva e infusiones. Nada más. Fuera hidratos, grasas y proteínas. Si llegamos a las 800 kcal. diarias será por pura casualidad. Si al final de la dieta no ven los resultados al subirse a la báscula, es que las uvas les han fermentado en el estómago y se encuentran en pleno proceso de embriaguez. Tan efectiva como efímera, pueden ustedes imaginar.

Número 4: Dieta del bebé o del potito. Con ésta, lo que sí está asegurado es que volverán a su más tierna infancia. Consiste en comer 14 potitos de bebé al día. Unas 1400 kcal., dependiendo de su elección, con grandes desequilibrios de macro y micronutrientes. De los residuos, mejor ni hablamos…

Número 3: Dieta de la bella durmiente. También pueden llamarla “la dieta de la flaca” Por la canción… ¿se acuerdan? “La flaca duerme de día, dice que así el hambre engaña…” Consiste en atiborrarse a somníferos para dormir más tiempo y, por lo tanto, comer menos. Muy inteligente, ¿eh?

Número 2: Drunkorexia. Practicada por muchas “famochuzas” y gente joven, con mucho cerebro como verán, consiste en que el día que van a salir con los amigos y van a beber alcohol, no comen nada para compensar el alto contenido calórico de las bebidas alcohólicas que se meterán pal cuerpo durante la noche. Se pueden imaginar el resultado…

¡Y con el número 1! Sé que les va a encantar…

La dieta de la cerveza. Sus defensores dicen que “bebiendo cerveza helada se pueden quemar muchas más calorías que haciendo ejercicio» sin necesidad de limitarse en las comidas, ya que el cuerpo debe producir calor para contrarrestar la ingesta fría de cerveza, y lo hace quemando grasas. Aquí no importan las calorías ingeridas, ni el tipo de cebada, ni la fermentación, ni el valor nutricional de los alimentos. Aquí importa la temperatura de la cañita bien fresquita. Lo dejamos todo en manos de Pepe, que es un experto tirando cañas. Los andaluces, sobre todo, se han hecho grandes expertos en esto, si bien en España en general, la dieta ha sufrido muchas adaptaciones y en cada región se sigue dependiendo de “la caló” que haga y de la tapilla que sirva er jefe.

¿Qué les ha parecido? Y no son estas las únicas dietas de moda. Las hay que consiguen muchos más adeptos, en todo el mundo, que superan las estaciones y se convierten en estilos de vida. ¿Quién no conoce a algún seguidor de Montignac, Atkins, o incluso aquellos que un buen día se despiertan siendo vegetarianos o veganos? Les voy a contar un secreto:

La moda del vegetarianismo y el veganismo es ya un poco antigua.

Que quede claro que hablo de la moda. De esas personas que de cara a la galería son vegetarianas o veganas, y que luego se ponen tibias a comer carne, cuando les dejan a solas con la pata de jamón. Con tomate, eso sí.

¿Sabían ustedes que Hitler fue de este grupo de molones? Parece que durante la década de los 40 a él también le dio el punto de hacerse pasar por vegetariano de cara a su público. Aparecen así numerosas intervenciones suyas en diferentes foros en los que aseguraba que, sin duda, “la sociedad del futuro sería vegetariana.” En la revista alemana del movimiento Nuevo Pensamiento, hizo publicar mensajes del tipo: “¿Sabes que tu Führer es vegetariano, y que él no come carne debido a su actitud general respecto a la vida y su amor por el mundo animal?” Incluso arruinó en varias ocasiones las recepciones a dignatarios internacionales, contándoles historias de sus visitas a algunos mataderos. No probaron ni bocado.

La realidad de la situación, a parte de un notorio afán por ser diferente y tocar las gónadas a todo aquello que se moviera, es que el hombre tenía ciertos problemas con su sudoración y flatulencias. Ésta incómoda situación le llevó a probar diferentes dietas, llegando a la conclusión de que la más beneficiosa para sus asuntos, era aquella basada en frutas y verduras. Pero lo cierto es que le encantaba la carne, especialmente la de caza, e incluso durante aquellos mismos años se encargó de cerrar varias sociedades vegetarianas, ya existentes en aquella época. Un hombre de contrastes, ya saben. No me da a mí el perfil de alguien con muchos problemas con sangre ni con el sufrimiento ajeno, ¿no les parece?

Parece que ya hemos identificado todos los “noes” de la ecuación. ¿Qué dicen los verdaderos expertos en dietas? Pues básicamente todos coinciden en lo mismo: las dietas muy restrictivas, muy bajas en calorías y que no contemplan como añadido el ejercicio físico, constituyen un riesgo inaceptable para la salud y, aunque consiguen que el peso disminuya a corto plazo, suelen originar el llamado “efecto rebote” que empeora siempre la situación inicial del punto de partida.

Y ahora los “síes.”

Receta para un cuerpo 10

Lo más importante a la hora de bajar de peso es la reeducación y el cambio de hábitos hacia otros más saludables: una alimentación sana, equilibrada y el ejercicio físico, consiguen un beneficio en la salud a largo plazo. Además de preocuparnos por el lugar donde se detiene la aguja de nuestra báscula, también es importante hacerlo por el buen estado de nuestro organismo.

No hay una dieta general para todas las personas. La dieta equilibrada para cada cual depende de aspectos genéticos, de la edad, del origen, del sexo, de la actividad diaria, del estado de salud, etc. Luego lo más importante es observarse y conocerse a sí mismo.

Ahora se habla mucho de las intolerancias y pueden ser de lo más variopintas. Hay intolerantes a la lactosa, al gluten, a los cereales… pero también los hay a los azúcares, a las fibras alimentarias, a las proteínas animales, etc. Claro ejemplo de lo que es bueno para usted, no tiene porqué serlo para mí. Luego huyamos de las generalidades.

Si de verdad les preocupa su peso o sienten que su cuerpo no funciona correctamente con su actual dieta alimentaria, mi consejo es que se pongan en manos de expertos y se dejen de visitas a los herbolarios y suplementos nutricionales de dudosa eficacia y procedencia.

Tan solo como apunte, hay algunos parámetros generales que podríamos tener en cuenta para ir orientando nuestra alimentación en la dirección correcta. Un adulto medio, con una actividad física media, necesitaría ingerir aproximadamente de 1.600 a 1.800 kcal. Si consume menos puede haber deficiencias de proteínas, vitaminas o minerales que a la larga pueden causar problemas médicos y una más rápida recuperación del peso perdido: las dietas excesivamente bajas en calorías hacen perder proteínas musculares y bajan tanto la tasa metabólica que se produce el efecto rebote del que antes hablábamos.

El aporte equilibrado de nutrientes es muy importante para poder perder peso de forma sana, de modo que se deben repartir los diferentes nutrientes en los distintos grupos alimentarios.

Se necesita un mínimo de hidratos de carbono diarios para el funcionamiento correcto del sistema nervioso (cerebro, nervios) y para el funcionamiento correcto del corazón y de las células sanguíneas (glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas). Dicen los expertos que aproximadamente entre el 40 y 50 % de las calorías de una dieta equilibrada deben ser aportadas por los hidratos de carbono: cereales, arroces, pastas, legumbres, azúcares… Después de toda la mala fama que tienen, resulta que deberían ocupar casi la mitad de nuestro menú diario. Pobres…

El otro gran grupo conocido es el de las proteínas, cuya ingesta debería suponer entre un 10 y un 20 % de las calorías de la dieta. Los alimentos más ricos en proteínas son la carne, el pescado, los huevos, el queso curado y los frutos secos.

Pero… ¿Y dónde nos hemos dejado el otro 30-40%? Pues en esos demonios que erradicamos cuando comenzamos una dieta: las grasas. Evidentemente es el nutriente que más hay que restringir a la hora de seguir una dieta para perder peso, pero sin pasarnos. Hay muchos tipos de grasas, y muchas de ellas son muy útiles para nuestro organismo: nos protegen del frío, aportan energía, ayudan a transportar y absorber las vitaminas liposolubles (A, D, E, K) y a incorporar los ácidos grasos esenciales que no producimos. Jugar con los niveles de vitaminas como la D, encargada de regular el paso del calcio a los huesos, el sistema inmune y la actividad antitumoral, no es ninguna tontería, oigan. Así que no me sean “hitlerianos” y dejen hueco en sus dietas para grasas sanas, provenientes de semillas, pescados, frutas y verduras.

Y por último y para terminar, recordarles que en cualquier momento del año, han de practicar cualquier “GYM”, excepto el que termina en Tonic.

¡Viva el verano!

 

Artículo publicado en el número 29 del Periódico Capital Noroeste – mayo 2016.
By | 2016-10-23T16:18:02+00:00 mayo 26th, 2016|Consejos|0 Comments

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