Ego 2.0: la nueva versión de tu yo.

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Ego 2.0: la nueva versión de tu yo.

¡Hola! soy el Ego de tu mejor amig@.
¡Hola! Soy el Ego de tu pareja.
¡Hola! Soy el Ego de tu jef@.
¡Hola! Soy tu Ego.

El Ego es esa parte nuestra que necesitamos mostrar a los demás. Ese yo que necesita el reconocimiento ajeno para alimentarse y seguir creciendo.Esa parte de nosotros que nos sitúa como el centro del Universo. Nuestra parte más inconsciente y profunda que, en ocasiones, nos domina y dirige nuestras vidas.

YO SOY.Ego, me, mei, mihi, me, mecum. Ya lo decían los romanos.

Al Ego le gusta ser protagonista. Necesita reconocimiento constante y enaltecerse por encima de cualquier persona o circunstancia, independientemente de las consecuencias. Es el que nos hace mirarnos en los escaparates, el que nos hace “ponernos guapos” para gustarle a los demás, el que hace que no hablemos con nuestra familia o amigos después de una discusión estúpida, el que nos hace alejarnos de personas a las que queremos “porque siempre le llamo yo” o el que hace que nos enfademos con nuestra pareja cuandono actúa de la manera que nuestro propio Ego esperaba.

¿Lo reconoces? Apuesto a que sí.

Hay una frase que me encanta para definir los efectos del Ego: “Ahora me enfado y no respiro”. Colocar al Ego como gobernador de nuestra vida, nos hace estar enfadados con el mundo al no obtener nunca el suficiente reconocimiento que esperamos. Y no respiramos. Y nos debilitamos y desgastamos en las relaciones con los demás y con nosotros mismos. En este sentido, el Ego no aporta nada favorable para nosotros. “Tengo que ser el mejor”, “no me puedo permitir fallar”, “no eres suficiente para mí”, “jerárquicamente estoy por encima de ti”, “dijiste esto para molestarme”, “no hiciste aquello que era importante para mí”, “todos esperan algo mejor de mí”, “qué dirán si…”, un diálogo intrínseco al ser humano que sólo conduce a la extenuación y al ahogo físico y, sobre todo, psicológico.

Aquí llega mi primer consejo: coge este tipo de Ego, mételo en una caja y tíralo a un acantilado muy lejano. La próxima vez que te encuentres ante una situación de conflicto intenta identificar tu Ego y el de la otra persona. Mira en qué posición está cada uno, te va a resultar sorprendentemente sencillo si eres capaz de observar con objetividad. Piensa: ¿de verdad esto tiene importancia o algún sentido?, ¿o es sólo mi necesidad de ser reconocido o quedar por encima?

Encontrarse cara a cara con el Ego no es sencillo para nadie. Muchas veces, ni siquiera somos conscientes de que está ahí.

Algunas estrategias de Marketing y publicidad se basan en la idea de que “todos y cada uno de los actos que realiza el ser humano parten del egoísmo.” Si lo pensamos y lo llevamos a su extremo, veremos que respiramos para poder subsistir, luego es un comportamiento egoísta, de supervivencia, pero egoísta. Ayudamos a los demás, pero bajo ese altruismo siempre está nuestra sed de sentirnos bien, incluso en algunos casos, de ser reconocidos por los que nos rodean y necesitar sentir que alguien nos debe algo. De nuevo nuestro Ego tiene algo que decir al respecto. Comenzamos una relación de pareja esperando recibir el mismo afecto que damos, e incluso comparamos la “cantidad de cariño” que recibimos y entregamos, como algo cuantificable o medible. Nos gusta que se reconozca nuestro trabajo, nuestro mérito y nuestra autoría. En definitiva NUESTRO YO.

Hablemos del fenómeno de las redes sociales… esto ya es para hacérnoslo mirar. Un caso digno de estudio psicológico, psiquiátrico y antropológico. Compartimos fotografías y comentarios acerca de lo guapos que estamos, el modelito que estrenamos, del plato de comida tan delicioso que vamos a comer y dónde, de las vacaciones, de los chollos que compramos, de los esfuerzos que hacemos para estar en forma, de la última causa que está de moda aunque un mes después nos importe un carajo… en definitiva, la mejor cara de nuestras vidas, para que los demás nos admiren, nos digan lo estupendos que somos, lo bien que hacemos las cosas y la maravillosa vida que llevamos.

Hoy por hoy, las redes sociales son el banco de alimentos de nuestro Ego.

Porcentualmente, ¿cuánta gente comparte en las redes sociales las horas que se tira en un atasco, en el transporte público, haciendo la lista de la compra, aguantando las charlas de su jefe, limpiando la casa o planchando?. Eso no conseguiría tantos “likes”, es decir, tanto alimento para nuestro Ego, como una foto de la paella que nos vamos a comer en el velero de nuestro amigo Paco en Marbella. Es más, si somos ‘tan osados’ de compartir esta realidad de nuestra triste y mundana vida, no buscamos otra cosa más que la compasión de los demás: “Ay, Pepi… ánimo que tú puedes con todo eso y mucho más.” ¡Vaya dosis hipercalórica más rica para el omnipresente Ego… toma ya!

Pero, pero, pero… -como diría Mayra Gómez Kemp.-

Como todo en esta vida, el Ego también tiene su lado bueno, amable y positivo.

Hace un par de semanas tuve una de las conversaciones más bellas de mi vida con María, uno de esos ángeles que aparecen en nuestro camino para enseñarnos a cambiar la perspectiva y el rumbo en el momento preciso. Llegado un punto de la tarde, surgió una conversación fascinante que intentaré reproducir con la mayor veracidad a continuación:

María: ¿”Con qué frecuencia te miras al espejo”?

Yo: ¿”Aceptas un “nunca” como respuesta”?

María: “Fatal. Te voy a proponer un juego. Cada mañana, cuando te levantes, mírate al espejo y háblate en voz alta. Date los buenos días, salúdate, cuéntate cosas y dedícate palabras bonitas. Recuérdate lo maravillosa que eres, lo grande que eres, y date ánimos para salir por la puerta a comerte el mundo. El primer día te va a costar, apenas te dirás un tímido ‘hola’  casi imperceptible,  pero poco a poco te irás acostumbrando, te ‘vendrás arriba’ y verás que cada día te cuentas más cosas, descubrirás palabras nuevas que dedicarte y te darás cuenta de que esa energía va contigo a todas partes el resto de tu día. Sal a la calle y cómete el mundo, pero comienza el movimiento en tus palabras, en esas que te dedicas”.

Quien me conoce un poco ya sabe cuál fue mi reacción. No otra que aceptar su reto. ¡¡Menuda oportunidad!! Lo que ella no sabía es que soy muy teatrera y un poco payasa, y ya el primer día “me dije cuatro cosas” que tenía pendientes.

“Buenos días, Natalia. No hemos dormido demasiado bien hoy, ¿eh? ¿Y qué?, estás guapísima, mira qué sonrisa.” Así comenzó mi ritual aquella mañana. Luego, como pronosticaba María, he comenzado a añadir nuevas cosas a mi performance: me saco la lengua, me río mucho y en menos de dos semanas incluso bailo frente al espejo, mientras canto melodías tontas que me invento sobre la marcha, acerca de cómo preveo que va a ser mi día.  Para terminar me digo: “el mundo está esperando ahí fuera para que te lo comas a mordiscos. ¡A por él!”.

Desde que lo hago, me siento más feliz, radiante, y con mucha más vitalidad para afrontar el día, y lo que es mejor, me pasan cosas muy positivas que renuevan esa energía día tras día. Creo que funciona como el dicho “el dinero llama al dinero.” Sin duda…

La energía positiva atrae cosas positivas

¿Te has dado cuenta?, ese que se coloca cada mañana frente al espejo también es mi Ego, mi yo positivo. El que me reconoce y empuja a escalar más y más alto cada día, a  levantar la cabeza y a decir: “que tiemble el mundo que aquí estoy YO.”

¿Y sabes qué?… ¡que FUNCIONA! .Salgo de casa con el mundo puesto por montera y veo la vida de otra manera, tiene brillo y luz. Y cuando las cosas se ponen feas, recuerdo mi “mantra matutino”, mi risa frente al espejo y el color gris se disuelve.

Ahora me reconozco en el espejo, me gusta quien soy. Y además he llegado a una sabia decisión: a quien no le guste… ¡¡Puerta!!.

Yo ya he hecho mi parte. He compartido contigo el gran secreto que me enseñó mi ángel.
¿Qué vas a hacer tú?, ¿aceptas el reto?

By | 2016-10-23T16:18:06+00:00 febrero 2nd, 2015|Crecimiento Personal, General|1 Comment

One Comment

  1. Agus 19 abril, 2016 at 9:39 am - Reply

    Buen consejo: Sonreír,sonreír, sonreír.Es una luz que no se ve a menudo.Una sonrisa ajena desintoxica y hace pensar qué la amabilidad, ese perfume de la convivencia, aun existe.

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